Carta de un Lava-Pocetas a Nicolás Maduro

Hola Nicolás Maduro, espero que esta carta te llegue por las redes, ya que intento enviarla directamente pero me la rechazan tus guardaespaldas y colaboradores.

Soy Roberto Jimenez, Licenciado en Derecho luego de haber estudiado en la Universidad Central de Venezuela, y además hice muchas especializaciones en otras áreas del derecho. Todo un profesional, hasta que tu llegaste.

Perdí mi trabajo hace algunos años, tan solo por haber firmado en un referéndum contra Hugo Chavez. La compañía para la que yo trabajaba tenía como clientes a muchos rojos y no les hizo gracia que yo hubiera expresado mi voluntad de sacar a Chavez del poder. Desde entonces mi vida se arruinó por culpa de ustedes.

Ese año trabajé hasta vendiendo periódicos en las calles de Caracas, pero eso no me alcanzaba para nada. Tenía pocos ahorros y los utilicé para pagarme un viaje a Miami, sin saber el destino que tendría, pero que seguramente sería mucho mejor que el de estar allí viviendo en la miseria como el resto de los venezolanos.

En Miami conseguí rápidamente un trabajo, lavando baños públicos en el condado de Miami-Dade. No era lo más agradable del mundo, pero le encontré todo el sentido a la vida, cuando entraba en uno de esos baños muy sucios, y lo dejaba reluciente. Una tarde unos turistas me felicitaron al verme salir, porque mi trabajo era excelente y me dijeron textualmente que “ese baño estaba tan limpio que provocaba cagar en él”.

Sabes cuánto gané limpiando baños en ese entonces? me pagaban 4 dólares por hora, lo que daba un total de 32 dólares diarios, que es algo así como 6 millones de bolívares fuertes, en un solo día. Al final del mes me di cuenta de que nunca había visto tanto dinero junto en toda mi vida como abogado en Venezuela.

Han pasado 5 años desde entonces, y he subido de puesto, si señor. Ahora ya no lavo los baños públicos del condado, pero si lavo los baños privados de varios centros comerciales y algunos hoteles de Miami. No te voy a decir cuanto gano ahora, porque seguramente vendría una avalancha de compatriotas a pedirme que los ayude a entrar en el negocio de la limpieza.

En estos 5 años, logré obtener nacionalidad, y hace un par de meses me aprobaron un crédito, con el que compré un apartamento que ni en un millón de años podría tener en Venezuela. Esto de la limpieza de baños es muy especial, ya que es un trabajo en el que te mueves todo el día, y así no quedo obeso y enfermo como tú, Nicolás Maduro.

Ni que me ofrecieran toda una fortuna en Venezuela me devolvería, ya que me sobran baños que lavar aquí. Además te informo que en este país se consiguen todos los productos de limpieza que en Venezuela no hay desde que tu llegaste. Las piezas de los baños son renovadas cada dos o tres años, a diferencia de las de Venezuela, que en su mayoría son de los años 50 y nunca han sido cambiadas.

Mi mujer está a punto de tener un hijo, que afortunadamente será norteamericano, y que estará orgulloso de su padre por haber trabajado honradamente lavando baños, para darle una buena vida, comiendo toda la Nutela que quiera, viviendo en un país libre, sin tener que ir asustado por la calle pensando que lo van a secuestrar.

Desde hoy en adelante me sentiré mucho más orgulloso cada vez que tenga entre mis manos una poceta llena de mierda hasta el tope. Te cuento, que cada vez que veo una poceta bien sucia, entre los excrementos veo tu cara y la de Hugo Chavez, y con una escoba y muchos productos ácidos, le doy con mucha fuerza para desaparecer con toda esa porquería marrón, que te simbolizan a ti y a tu narco-régimen corrupto.

Lamentablemente no te acordaste de hablar sobre tus sobrinos, que no querían venir al imperio a lavar pocetas, pero que se ganaban la vida honradamente traficando cocaína para matar lentamente a toda la juventud con las drogas que entre tu, Diosdado y Tarek, se encargan de repartir por todo el mundo.

Se despide con mucho cariño, un lava-pocetas venezolano en Miami, que tiene los bolsillos llenos de dinero, y que está agradecido con este país que me dio la oportunidad de limpiar toda su mierda, a diferencia del tuyo que se está hundiendo entre la porquería.