Una presidencia alimentada de mentiras termina con la peor de todas

By George T. Conway III

Hasta cierto punto tiene sentido. Una presidencia puesta en marcha con mentiras y alimentada con ellas desde entonces, estaba destinada a terminar con la peor de todas.

La presidencia de Donald Trump en Estados Unidos comenzó el 20 de enero de 2017, con la que aseguró había sido “la audiencia más grande que haya presenciado alguna vez una toma de posesión, punto”, una afirmación cuya absurdidad fue evidente para cualquier persona con ojos. Desde su primera semana en el cargo, el presidente mintió sobre unas elecciones en las que todos coincidieron que había ganado. Afirmó que un “FRAUDE ELECTORAL” de “millones” de no-ciudadanos, cadáveres y “personas registradas en dos estados”, lo había privado de obtener la mayoría del voto popular en 2016.

“No creo que nadie haya hecho lo que hicimos durante los primeros 100 días”, proclamó Trump, tras haber proferido cientos de mentiras durante ese tiempo. Aseguró, sin pruebas, que el expresidente Barack Obama había colocado un “micrófono” en “mis teléfonos”. Mintió repetidas veces sobre la atención médica, la economía, la inmigración y el comercio. Incluso llegó a afirmar que, bajo su plan fiscal propuesto, “probablemente pagaría más (impuestos) de lo que estoy pagando en la actualidad”, lo que, a diferencia del resto de sus afirmaciones, podría haber sido literalmente cierto, porque, como sabemos ahora, Trump apenas pagó impuestos.

Pero todo eso fue apenas el comienzo. Trump ha mentido sobre prácticamente todo desde entonces. Mentiras grandes y pequeñas, significativas y sin sentido. Ha dicho cualquier cosa para colocarse en la mejor posición o en la mejor situación. Mintió sobre haber pagado por el silencio de una estrella porno. Mintió, a pesar de pruebas fotográficas, cuando dijo que nunca había conocido a una mujer que lo acusó de violación. read more