El costo de no actuar en Venezuela ya

Por María Corina Machado

Los venezolanos y las democracias de Occidente queremos que la tiranía que destruye nuestro país termine cuanto antes. Ya ha quedado claro que el régimen no soltará el poder; hay que quitárselo. Los partidarios del régimen se han dedicado a cuantificar y exagerar los costos de la acción conjunta -nacional e internacional-, necesaria para liberar a Venezuela de la fuerza criminal de ocupación. Lo que no se dice es cuál es el tamaño del costo de no hacerlo.

En primer lugar, está el impacto interno; es la urgencia ética de una sociedad sometida a un genocidio. Cada día que pasa muere un número indeterminado de venezolanos por hambre, epidemias y violencia. Hay una generación completa creciendo sin nutrición, salud, ni educación que ya sufre consecuencias irreversibles. Para muchos, ya es demasiado tarde.

Esta devastación ha causado el éxodo más grande en la historia del hemisferio. Según ACNUR, en los últimos 7 meses huyó un millón de venezolanos, a pesar que vivíamos un período de renovada esperanza en el cambio político. En pocos días concluye el año escolar en Venezuela, y con ello una inevitable y aún más grande ola de migración. Perú, Chile y Trinidad lo han anticipado, y han impuesto controles migratorios; pero Venezuela no es una isla y no hay manera de bloquear la salida. La porosa y amplia frontera con Colombia lo demuestra.

Para los países vecinos, el incremento exponencial de la llegada de venezolanos no significa sólo una demanda casi inmanejable en los servicios públicos, también representa el riesgo de la llegada de enfermedades no controladas en nuestro país, y la infiltración de agentes del régimen disfrazados de “movimientos sociales”, cuyo propósito es crear conflictividad y desestabilización en aquellos países que han encontrado un camino democrático y liberal.

Colombia ya es víctima de esta operación criminal expansionista; los ataques terroristas por parte de grupos guerrilleros con santuario en Venezuela se incrementan y ya han causado decenas de víctimas. El debilitamiento del gobierno colombiano es uno de los objetivos explícitos del Foro de Sao Paulo, el cual ha aprovechado la coyuntura del “diálogo” en Noruega en las últimas semanas, para reagruparse y pasar a la ofensiva en su próximo encuentro anual que, precisamente, se realizará en Caracas en el mes de julio. Para formalizar esta alianza, hace pocos días se reunieron en La Habana Diosdado Cabello, Díaz Canel y Raúl Castro. Es previsible que luego de la reunión en Caracas del Foro de Sao Paulo, se intensifique una ola de desestabilización hacia las democracias liberales de la región, con la intención de retomar el control perdido de varios gobiernos.

Finalmente, existe la amenaza creciente a la seguridad de los Estados Unidos con la apertura del territorio venezolano para actividades militares y de inteligencia de Rusia e Irán, así como la operación de satélites chinos desde bases venezolanas.

La permanencia de un conglomerado criminal en Venezuela, apoyado por fuerzas antioccidentales, terroristas y del narcotráfico, representa un gravísimo peligro para todo el continente.

Es preciso entender que no es posible contener sus operaciones dentro de nuestras fronteras y que cada día que pasa avanza la “somalización” de Venezuela, incrementando el costo de derrotar y desmontar el Estado criminal.

Es por eso que debemos actuar sin demora. No hacerlo significaría la muerte de muchos venezolanos, la consolidación de las mafias criminales en el poder y un riesgo inmenso para la libertad y la paz del hemisferio.

Occidente no va a permitir que esta “revolución” voraz y criminal avance en su pretendida desestabilización de nuestra región. Las maniobras apaciguadoras con falsos diálogos y farsas electorales ya están descartadas. Sólo queda coordinar nuestras fuerzas y aplicarlas con inteligencia y disciplina.

El costo de la permanencia y expansión de este estado criminal es enorme y su derrota es el reto más grande que ha enfrentado nuestro hemisferio en muchas décadas. Se trata de liberar a Venezuela para proteger a toda la región.

Nuestra única opción es lograrlo.

Cap. de Corbeta Rafael Acosta Arévalo, más reciente victima militar de las torturas del chavismo en las cárceles de Vzla.