Sin tregua ni pausa el desenlace será a favor de Venezuela

Por Marta De La Vega

En este doloroso lapso de una brutal crisis económica, social, política y de mentalidades que ha destruido prematuramente a tantos, truncado sus vidas y sueños, impedido soluciones para superar el desastre, hay un número significativo de ciudadanos decentes y valiosos que, desde distintos ámbitos y con conocimientos sólidos y experiencia, dignidad desafiante y alto sentido del logro ha seguido hilando futuro, mediante un trabajo incesante para articular el proyecto del país que merecemos y queremos construir entre todos.

El propósito es revertir las calamidades provocadas por una banda de mafiosos que usurpó el Estado venezolano al penetrar con sus estructuras criminales todas las instituciones políticas. Ese es el verdadero legado de Chávez.

La barbarie ha sido convertida en norma sin mando ni ley que no sea del propio usurpador Maduro y sus cómplices. Un grupo de facinerosos, colectivos autoproclamados defensores de la “revolución”, que son brazo armado del régimen para control social por medio del terror, asesinaron vilmente en el barrio 23 de Enero de Caracas a 3 personas de la comunidad que jugaban dominó a la puerta de su casa a las 6 de la tarde del sábado 14 de marzo, e hirieron a otras 5. Sin respeto a los más elementales derechos humanos. En lugar de pedirles que se resguardaran por la cuarentena, dispararon a mansalva al rostro y cabeza de los fallecidos.

El 15 de marzo pasado, funcionarios con armas largas, cubiertos con pasamontañas, después de tratar de tumbar la puerta de su casa a golpes, detuvieron al periodista Darvinson Rojas y a sus padres, al parecer por haber revelado en twitter las cifras reales del coronavirus en Venezuela. Así han detenido también a médicos que alertaron sobre el virus y reclamaron las peligrosas condiciones de desprotección en las que trabajan. Cada vez más el régimen que preside Maduro recurre a las fuerzas de exterminio, se sostiene en los militares y pierde gobernabilidad porque nada funciona.

La marcha del 10 de marzo de 2020 desnudó, una vez más, el rostro feroz de la represión sistemática, el uso abusivo y desproporcionado de las fuerzas militares y policíacas al servicio de una minoría que mantiene el poder por el terrorismo de Estado, la intimidación a la gente y la violencia de los gases lacrimógenos contra personas indefensas. Participaron gremios, asociaciones, sindicatos y partidos políticos. Hubo manifestaciones en las principales ciudades, a pesar de que en 5 de los estados del país los piquetes de la Guardia Nacional Bolivariana, junto a grupos civiles armados, impidieron que las marchas llegaran al destino pautado.

Desde días antes, se produjo el bloqueo de todos los accesos a Caracas y se había militarizado la ciudad con tanques, camiones cargados de soldados, bazucas y armas de guerra, a la vista de todos. Como no bastaron las persecuciones para “normalizar el horror”, resurgió la táctica de la detención arbitraria e ilegal de representantes del único poder legítimo, la Asamblea Nacional, a cuyos diputados se les viola impunemente la inmunidad parlamentaria.

Tres de ellos fueron secuestrados al terminar la manifestación, junto con otras dos personas, por fuerzas especiales del régimen (FAES) frente al hotel donde se hospedaban. A la diputada Sandra Castillo, embarazada de pocas semanas, pese a su condición, funcionarios depravados la manosearon en sus partes íntimas. El diputado Renzo Prieto sufrió desaparición forzosa pese a tener a su favor desde 2018 medidas cautelares de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Las presiones internacionales y las internas no han bastado para derrotar la tiranía, que se apoya también en negocios ilícitos y en los peores regímenes del planeta: Cuba, Rusia, Irán, Turquía, Siria, China, Corea del Norte, Nicaragua. Por eso son claves las alianzas sociales y políticas que ha recogido el “Pliego Nacional de Conflictos”, al cual es preciso sumar empresarios y FFAA, junto con el apoyo de los gobiernos demócratas del mundo.

Este documento recoge las líneas estratégicas de acción y coordinación entre las distintas áreas, las fallas y los rubros más vulnerables que requieren de inmediata atención. Fue aprobado en primera discusión en la sesión de la AN realizada en la Plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes, a donde se desvió la marcha liderada por el presidente interino de la república, Juan Guaidó y los diputados de la unidad.

Frente a fusiles y ametralladoras, Guaidó y su equipo siguen la ruta política y la estrategia hacia la democracia y la libertad, con el cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones presidenciales libres y transparentes supervisadas por organismos internacionales, sin Maduro ni su camarilla en el poder.

Cuando resurgía el impulso de más presión interna y retomar las calles, un nuevo enemigo microscópico irrumpe, convertido en pandemia de alcance planetario. Haciendo honor a su responsabilidad, el presidente interino de la república, Juan Guaidó habló el 12 de marzo pasado a la población venezolana para anunciar el nombramiento de una comisión de alto nivel científico con reconocidos especialistas médicos, asociaciones, sociedades, cátedras, academia, agrupaciones diversas y el gremio de enfermería, para enfrentar y superar la emergencia de la pandemia de Covid-19, consciente de la vulnerabilidad que enfrenta Venezuela por el colapso del sistema de salud.

Todo el aparataje y estructuras de salud pública construidos desde la década de 1940 en adelante, pese a la formación profesional de los médicos, adquirida en reconocidas Facultades de Medicina de Universidades de Venezuela, ha sido destruido y saqueado en los 21 años de chavismo, con personal foráneo de dudosa competencia, que impuso Chávez con la complacencia de la dictadura cubana de los Castro.

Para colmo, el 80% de la población no recibe agua por tuberías. Las redes de distribución en muchas regiones del país, sin mantenimiento ni supervisión ni reposición de los tramos rotos, se deshacen de la herrumbre. Y dejan sin servicio a poblaciones enteras. En las zonas de Caracas a las que llega agua corriente, el suministro se hace 1 o 2 días a la semana por Hidrocapital. La involución ha llegado a tal punto, que hoy proliferan los pozos subterráneos en residencias y complejos familiares financiados por los copropietarios. Ni hablar de la inestable energía eléctrica.

Mujeres dan a luz en pasillos de hospitales esperando ser atendidas, en la calle, en las condiciones más precarias.

El régimen bloquea las páginas de información puestas al servicio de todos los venezolanos por el legítimo gobierno interino para prevenir el Covid-19. Maduro sostiene falsedades al decir que las sanciones impiden la llegada de medicinas e insumos médicos. El área de salud nunca ha sido bloqueada por sanciones (que no tienen más de un año), ni tampoco la de alimentos. Como aclaró el presidente Guaidó, los programas de vacunas del 2019 y de este año han sido financiados con fondos estadounidenses, USAID. Y gobiernos aliados ya están destinando recursos para material hospitalario, que será entregado a través de agencias como UNICEF o la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Recien nacidos son acomodados en cajas de cartón.

Hoy, frente a una pandemia planetaria tan agresiva y contagiosa, Venezuela está al borde de una catástrofe. No se puede creer más en las mentiras de Maduro, ni en las afirmaciones de su vicepresidenta, experta en pasearse de puesto en puesto como mariposa de flor en flor, ni en los anuncios de su hermano, el inefable psiquiatra, ministro de información del régimen usurpador.

Todos somos corresponsables. Pero no podemos solos, como dijo el presidente Guaidó. La lucha de los demócratas en el país ha sido permanente, heroica y trágica. Pese a todos los pronósticos pesimistas, la Venezuela valiosa y decente, dentro del país y en el exterior, surgirá victoriosa cuando la justicia que no prescribe, por encima de los intereses particulares, se imponga contra los criminales de lesa humanidad.