Desagradable Sorpresa para Nicolás Maduro

Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR

La campaña mediática y política estaba lista. El gobernante venezolano Nicolás Maduro, con ayuda de sus aliados, había recopilado firmas para denunciar a Estados Unidos en la VII Cumbre de las Américas, a celebrarse los días 10 y 11 de abril en Panamá, por haber calificado a Venezuela de “amenaza para la seguridad” y por haber sancionado a siete funcionarios del país suramericano por sus presuntas violaciones a los derechos humanos. Pero el heredero de Hugo Chávez amaneció el 6 de abril de 2015, cuatro días antes de la inauguración de la cumbre, con una desagradable sorpresa. Veinte ex jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y España anunciaron la firma de una declaración exigiendo la liberación inmediata de los opositores encarcelados en Venezuela y la separación absoluta de poderes que garanticen a los venezolanos un proceso electoral “libre y justo”.

La Declaración de Panamá exige también el compromiso de los organismos internacionales de ayudar en la solución de la grave crisis que vive Venezuela. El documento se presentará un día antes de la inauguración del cónclave y está firmado por el ex presidente del gobierno español José María Aznar, los mexicanos Vicente Fox y Felipe Calderón, los colombianos Alvaro Uribe, Belisario Betancur y Andrés Pastrana, el chileno Sebastián Pieñera, el peruano Alejandro Toledo, y los costarricenses Laura Chinchilla, Miguel Angel Rodríguez, Rafael Angel Calderón, Luis Alberto Monge y Oscar Arias, este último ganador del Premio Nobel de la Paz. También suscribieron la declaración el uruguayo Luis Alberto Lacalle, la panameña Mireya Moscoso, el boliviano Jorge Quiroga, el ecuatoriano Osvaldo Hurtado y los salvadoreños Armando Calderón Sol y Alfredo Cristiani.

Oscar Arias, dos veces presidente de Costa Rica y ganador del Premio Nobel de la Paz es uno de los firmantes de la llamada Declaración de Panamá, que exige la liberación inmediata de los opositores venezolanos encarcelados y un compromiso de la ONU y la OEA para encontrar una solución a la grave crisis política que vive Venezuela.

Oscar Arias, dos veces presidente de Costa Rica y ganador del Premio Nobel de la Paz es uno de los firmantes de la llamada Declaración de Panamá, que exige la liberación inmediata de los opositores venezolanos encarcelados y un compromiso de la ONU y la OEA para encontrar una solución a la grave crisis política que vive Venezuela.

La declaración es una feliz idea de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que preside Aznar.

Según los firmantes, la Cumbre de las Américas “no puede obviar la urgente e inaplazable necesidad de apoyar al pueblo de Venezuela”. La OEA y la ONU, de acuerdo con el documento, deben participar en una “alternativa de solución” para que el gobierno venezolano “respete los principios constitucionales y las normas internacionales”.

Es obvio que estos 20 ex presidentes llegaron a su límite en la evaluación de la crisis venezolana, ante el visible peligro de desaparición de la Carta Democrática Interamericana que rige los valores políticos de la OEA, por la nefasta influencia y presiones de Caracas, y ante la campaña lanzada por Maduro y sus aliados para borrar la imagen de dictadura que tiene a nivel internacional el gobierno de Venezuela. La conducta de esta veintena de líderes políticos tiene una importancia mayor si se toma en cuenta que los gobernantes en ejercicio actualmente en América Latina han guardado un inexplicable silencio ante el caso venezolano, desde los días de las ejecuciones a sangre fría de estudiantes que protestaban en las calles de la nación suramericana en febrero de 2014 hasta los encarcelamientos de los dirigentes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, y la expulsión de María Corina Machado del parlamento venezolano.

Estos 20 ex jefes de Estado han sacado la cara por la región latinoamericana, en momentos en que el continente parece estar más comprometido con el retroceso que con el progreso, a nivel político e ideológico. El debate lógico de la VII Cumbre de las Américas no debía estar centrado, como todo indica que lo estará, en el apoyo a la dictadura de Maduro y en el regreso de otra dictadura, larga, feroz e inútil, la de Cuba, a la OEA. El debate debe estar centrado en la expulsión de Venezuela de ese organismo regional por su irrespeto a la legalidad, a los derechos humanos y al principio de no intromisión en los asuntos internos de sus vecinos.

Los gobiernos democráticos de América Latina tienen la obligación moral de dar una imagen seria del continente ante la Unión Europea, Canadá, Australia, Japón, Estados Unidos y el resto del mundo, más de dos décadas después de haber vencido la oscura etapa de las dictaduras militares. Venezuela y Cuba no cumplen los requisitos para dar esa imagen seria del continente. Defender a esas dos dictaduras, es regresar a la época de las cavernas y al desprestigio continental.

(Hernández Cuéllar, autor de la columna Cafe Impresso, es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Es también autor del libro ¡Última hora! – Manual para el consumidor de noticias de la era digital. Desde 1981 ha trabajado en todo tipo de medios: agencias de prensa, diarios, radio, televisión, semanarios, internet, revistas y redes sociales. Fue redactor de la agencia EFE en Cuba, Costa Rica y Estados Unidos, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles, California, e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA).