Florida Is the New Front Line in the Battle for Venezuela (Florida en primera fila al frente de batalla por Venezuela)

Bloomberg

Expats in Miami show their support for anti-government protests in Venezuela in March 2014

Expats in Miami show their support for anti-government protests in Venezuela in March 2014

Thousands of emigres follow Cubans in fighting for their homeland from the U.S.

Miles de cubanos emigrados siguen en la lucha por su patria desde los EE.UU.

Miami has its Little Havana. Now it has its Littler Caracas.

Miami tiene su Pequeña Habana. Ahora tiene su Littler Caracas.

Venezuelans fleeing the late Hugo Chavez’s Bolivarian Revolution have transformed pockets of south Florida, and if you take President Nicolas Maduro’s word for it, they’re trying to transform Venezuela, too.

Los venezolanos huyendo de la Revolución Bolivariana del difunto Hugo Chávez han transformado los bolsillos del sur de Florida y si usted cree las palabras de Nicolás Maduro, también están tratando de transformar a Venezuela.

Maduro accuses the Florida transplants of engineering coup attempts, plotting assassinations, and engaging in a “permanent conspiracy” designed to send Venezuela’s economy into free fall. In February, he unveiled a letter that, he said, helped prove his claims.

Maduro acusa a los trasplantes de intentos de golpe de ingeniería, trazado de asesinatos, y que participan en una “conspiración permanente” diseñado para enviar la economía de Venezuela en caída libre de la Florida. En febrero, se dio a conocer una carta que, dijo, ayudó a probar sus afirmaciones.

Written in Florida, the letter urged sanctions against allegedly corrupt Venezuelan government officials—punitive measures similar to those President Barack Obama eventually enacted this month. At a rally in Caracas, Venezuela’s capital, Maduro vowed to expose the letter-writers as traitors bent on undermining their homeland.

Escrita en la Florida, la carta instó sanciones contra corruptos funcionarios del  gobierno venezolano – como medidas de castigo similares a las que el presidente Barack Obama finalmente promulgó este mes. En un mitin en Caracas, capital de Venezuela, Maduro prometió descubrir a los escritores de cartas por traidores determinados a desestabilizar su patria.

“Those who signed that statement must be seen, with their names and faces shown on national television,” he said.

“Los que firmaron esa declaración deben ser descubiertos, monstrando sus nombres y sus rostros en la televisión nacional”, dijo.

“Sure”, said Jose Antonio Colina on Twitter. “I’m one of the authors.”

“Claro”, dijo José Antonio Colina en Twitter. “Yo soy uno de los autores.

Maduro should know that name well. Colina, a former Venezuelan National Guard lieutenant, was accused by former president Chavez of involvement in a failed coup in 2002. A year later he was charged with terrorism for allegedly planting bombs in the Colombian and Spanish embassies in Caracas. As recently as last year, Maduro accused Colina of plotting an additional coup attempt from south Florida.

Maduro debería conocer bien el nombre. Colina, ex teniente de la Guardia Nacional de Venezuela, fue acusado por el ex presidente Chávez de participar en un fallido golpe de Estado en 2002. Un año más tarde fue acusado de terrorismo por presuntamente colocar bombas en las embajadas de Colombia y España en Caracas. Más recientemente, el año pasado, Maduro acusó a Colina de planear un intento de golpe adicional desde el sur de la Florida.

Colina calls the accusations baseless and says Venezuelan officials are doing a fine job of wrecking the economy on their own. But he doesn’t deny he’s doing all he can to cast Maduro as an enemy of democracy. While Maduro has amplified his claims of U.S.-based meddling, Colina and others in Florida’s Venezuelan community have openly lobbied U.S. lawmakers to isolate the Venezuelan government, much as their Cuban-American counterparts have done against Castro’s regime.

Colina llama esas acusaciones infundadas y dijo que las autoridades venezolanas están haciendo un buen trabajo arruinando la economía solitos. Pero él no niega que está haciendo todo lo posible para mostrar a Maduro como enemigo de la democracia. Mientras Maduro ha ampliado sus denuncias de la intromisión estadounidense, Colina y otros en la comunidad venezolana de Florida, han presionado abiertamente a los legisladores estadounidenses para aislar al gobierno de Venezuela, tanto como sus homólogos cubano-americanos han hecho contra el régimen de Castro.

Nationally, the Venezuelan-American population is about 250,000, according to U.S. Census Bureau surveys from 2012, and about 117,000 live in Florida. Though the number of Venezuelans in the U.S. has more than doubled since 2000, they’re vastly outnumbered by Florida’s Cuban-American community, which totals about 1.2 million. Still, their aspirations are similar. Many are embracing politics and hope to influence America’s foreign policy toward their home country.

A nivel nacional, la población venezolana-estadounidense es de aproximadamente 250.000, según encuestas de la Oficina del Censo de los Estados Unidos a partir de 2012 y alrededor de 117.000 viven en Florida. Aunque el número de venezolanos en los EE.UU. se ha más que duplicado desde 2000, son ampliamente superados en número por la comunidad cubano-americana de la Florida, que asciende a alrededor de 1,2 millones. Aún así, sus aspiraciones son similares. Muchos están adoptando la política y esperan influir en la política exterior de Estados Unidos hacia su país de origen.

“We are little,” says Ernesto Ackerman, who heads a nonprofit group called Independent Venezuelan-American Citizens, “but we are very noisy.”

“Somos pocos”, dice Ernesto Ackerman, quien encabeza un grupo sin fines de lucro llamado Ciudadanos Venezolano-Americano Independientes, “pero somos muy escandalosos.”

One of the noisiest among them is Colina, president of a group called Veppex (the Spanish acronym for Politically Persecuted Venezuelans in Exile). He lives in the Miami suburb of Doral, in which about 12,000 Venezuelans have settled.

Uno de los más escandalosos entre ellos es Colina, presidente de un grupo llamado Veppex (acrónimo en español para los Venezolanos Politicamente Perseguidos y en Exilio). Él vive en Doral, un suburbio de Miami, donde alrededor de 12.000 venezolanos se han establecido.

“Already, the elected mayor of Doral is Venezuelan, and in 2016 no politician running for office here will be able to ignore the Venezuelan community,” Colina says. “We will expand that to other communities, too.”

“Ya, el alcalde electo de Doral es venezolano y para el 2016, ningún político que se postule para un cargo aquí podrá ignorar a la comunidad venezolana”, dice Colina. “Eso lo vamos a expnadir a otras comunidades también.”

Colina, who joined the military when he was 15 and claims working-class roots, is a bit of an anomaly among the Venezuelans in Florida, most of whom are university graduates. According to the Pew Hispanic Center, 51 percent of Venezuelans in the U.S. have earned at least a bachelor’s degree, compared with 13 percent of all U.S. Hispanics and 29 percent of the general population. About one-third are U.S. citizens.

Colina, quien se unió al ejército cuando tenía 15 y declara tener raíces de clase obrera, es casi una anomalía entre los venezolanos en Florida, la mayoría de los cuales son universitarios. Según el Pew Hispanic Center, el 51 por ciento de los venezolanos en los EE.UU. ha adquirido por lo menos un título universitario, comparado con el 13 por ciento de todos los hispanos en Estados Unidos y el 29 por ciento de la población general. Alrededor de un tercio de ellos son ciudadanos estadounidenses.

The mayor of Doral, Luigi Boria, fits the profile well. He ran a successful business distributing computer equipment from the U.S. in Venezuela and moved to Florida with his family in 1989. Trade restrictions imposed by Chavez forced him to suspend operations in Venezuela in 2010, he said. He has been an active participant in rallies opposing the Venezuelan government.

El alcalde de Doral, Luigi Boria, encaja en ese perfil también. Llevó un negocio exitoso distribuyendo equipo de computadoras estadounidenses en Venezuela y se mudó a Florida con su familia en 1989. Las restricciones comerciales impuestas por Chávez lo obligaron a suspender las operaciones en Venezuela en 2010, dijo. Él ha sido un participante activo en los mítines que se oponen al gobierno de Venezuela.

Unlike Colina and other activists who label themselves exiles, though, Boria doesn’t plan to move back to Venezuela. Even if opposition politicians gain a foothold in legislative elections this year—and gain enough support for a recall referendum in 2016 to oust Maduro halfway through his term—Boria says many of his Venezuelan constituents are likely to remain in the U.S.

A diferencia de Colina y otros activistas que se autodenominan exiliados, sin embargo, Boria no tiene planes de regresar a Venezuela. Incluso si los políticos de la oposición se afianzaran en las elecciones legislativas de este año – y recibieran suficiente apoyo en un referendo revocatorio en 2016 para derrocar a Maduro a mitad de su mandato – Boria dice que muchos de sus electores venezolanos estan propensos a permanecer en los EE.UU.

“Most of the people already have been here for more than five years,” says Boria, who became a U.S. citizen in 1996 and was elected in 2012. “I don’t think they see many reasons to go back.”

“La mayoría de los venezolanos ya han estado aquí por más de cinco años”, dice Boria, quien se convirtió en ciudadano estadounidense en 1996 y fue elegido como alcalde en 2012. “No creo que ellos vean muchas razones para volver.”

The Cuban-American lawmakers who have embraced the Venezuelan community clearly see parallels to the first generation of political exiles who left Havana in the 1960s and 1970s. Cuban-American legislators from Florida, including Senator Marco Rubio and House members Ileana Ros-Lehtinen, Carlos Curbelo, and Mario Diaz-Balart—all Republicans—have been active in promoting Venezuelan-American interests. Ackerman, of Independent Venezuelan-American Citizens, says he views them as models for a coming generation of Venezuelan-Americans.

Los legisladores cubano-americanos que han abrazado la comunidad venezolana ven claramente paralelismos con la primera generación de exiliados políticos que salió de La Habana en los años 1960 y 1970. Legisladores cubano-americanos de la Florida, entre ellos el senador Marco Rubio y miembros de la Cámara Ileana Ros-Lehtinen, Carlos Curbelo y Mario Díaz-Balart, todos republicanos, han estado activos en la promoción de los intereses venezolano-americanos. Ackerman, de Ciudadanos Venezolano-Americanos Independientes, dice que los ve como modelos para una próxima generación de venezolanos-americanos.

“We’re talking to our youth to get them involved and to make them understand that we need to be active in politics to help our country,” he says.

“Estamos hablando con nuestros jóvenes para involucrarlos y hacerlos entender que tenemos que estar activos en la política para ayudar a nuestro país”, dice.

One who has heeded that call is Joselin Padron-Rasines, who this year was elected president of the student body at the University of Florida-Gainesville. She moved to Florida with her family in 2000 at age six; like most of her Venezuelan-born friends she grew up immersed in discussions of politics. “That’s the entire reason I wanted to study government and public policy,” says Padron-Rasines, who plans to pursue a career in government.

Uno que ha prestado atención a ese llamado es Joselin Padrón-Rasines, quien este año fue elegido presidente del cuerpo estudiantil de la Universidad de Florida, Gainesville. Ella se mudó a Florida con su familia en el 2000 a los seis años; como la mayoría de sus amigos nacidos en Venezuela, creció inmersa en las discusiones de política. “Esa es la única razón por la que quería estudiar gobierno y políticas públicas”, dice Padrón-Rasines, quien planea seguir una carrera en el gobierno.

She cautions against drawing too many parallels between Venezuelan-Americans and their Cuban predecessors, particularly when it comes to their political views. In 2012, more Venezuelan-Americans voted for Obama than for Mitt Romney. An exit poll conducted by Bendixen & Amandi, a group specializing in Hispanic polling, suggested that as many as 76 percent of those in Florida voted Democrat in that election. That said, the Venezuelan-born Floridians active at the local level, including Boria and Ackerman, have forged their closest relationships with Republicans.

Pero también advierte contra el sacar demasiadas similitudes entre venezolano-americanos y sus predecesores cubanos, sobre todo cuando se trata de sus opiniones políticas. En 2012, más venezolanos-americanos votaron por Obama que por Mitt Romney. Una encuesta realizada por Bendixen & Amandi, un grupo especializado en votación hispana, sugiere que hasta un 76 por ciento de los de Florida votó demócrata en esa elección. Dicho ésto, los residentes de Florida nacido en Venezuela, activos a nivel local, incluyendo Boria y Ackerman, han forjado sus relaciones más cercanas con los republicanos.

“Would I say Venezuelan-Americans have cohesive opinions?” Padron-Rasines asks. “No, I don’t think so.”

“¿Podría yo decir que los venezolano-americanos tienen opiniones cohesivas?” Padrón-Rasines pregunta. “No, no lo creo.”

With that caveat, she offers one generalization: “I haven’t seen one Venezuelan here who doesn’t care about what’s happening in Venezuela.”

Con esta advertencia, ella ofrece una generalización: “No he visto uno venezolano aquí a quien no le importa lo que está pasando en Venezuela.”