Expertos opinan sobre el impacto de las medidas de EEUU contra Maduro en las negociaciones con Cuba

Por Nora Gámez Torres

El “Gobierno Revolucionario de la República de Cuba” salió rápidamente a ofrecer “su apoyo incondicional” a Nicolás Maduro, tras la orden presidencial firmada por Barack Obama en la que declara una emergencia nacional en relación a la “inusual y extraordinaria” amenaza que constituye la actual situación política y de derechos humanos en Venezuela para la seguridad de Estados Unidos.

El propio ex gobernante Fidel Castro envió una nota personal al presidente Maduro para felicitarlo por su “brillante y valiente discurso frente a los brutales planes del Gobierno de Estados Unidos”.

Aunque el Departamento de Estado ha reiterado que esta situación no afectaría las conversaciones para reestablecer relaciones diplomáticas con Cuba, el Nuevo Herald preguntó a expertos estadounidenses y opositores cubanos sus opiniones sobre el tema. Cómo se justifican estas medidas en un momento en que el presidente Obama considera obsoleto el embargo hacia Cuba y qué podría pasar en la Cumbre de las Américas son otros asuntos abordados por los expertos.

Antonio Rodiles

Antonio González-Rodiles

Antonio González-Rodiles

Activista del Foro por los Derechos y Libertades; director del proyecto cívico Estado de Sats

La administración norteamericana no es ajena a la gran influencia que ejerce el régimen de La Habana en Caracas. El castrismo tiene que apostarlo todo por sostener a su gran aliado, sobre todo en pleno proceso de negociación con EEUU. Aunque la administración Obama se ha mostrado en extremo permisiva con el régimen, para este sería muy perjudicial tener que sentarse en la mesa de diálogo con la economía al borde del colapso y el golpe político que implicaría la desaparición del chavismo.

Si Maduro se ve forzado a aplicar mayor violencia para contener a la sociedad venezolana, lo hará bajo el visto bueno de la Habana, aunque esto traiga mayores conflictos en sus relaciones con Washington. La Habana y Caracas están dispuestas a todo para no perder el poder y ambos regímenes articulan sus estrategias para actuar en conjunto frente a Washington.

Posiblemente veamos a La Habana y Caracas jugando al policía bueno y malo frente a Washington. El juego dependerá de cuán grave se torne la situación en Venezuela y hasta dónde el castrismo puede seguir manteniendo ambos frentes.

Miriam Leiva

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Miriam Leiva

Periodista independiente, viuda del disidente Oscar Espinosa Chepe

Independientemente de las relaciones estrechas del gobierno cubano con Venezuela, este tiene otros intereses también con los Estados Unidos. Las negociaciones no deberían descarrilarse porque el interés del gobierno cubano es grande, aunque eso es imprevisible.

El gobierno cubano tiene unas relaciones muy estrechas –y una dependencia económica, sobre todo– con el gobierno de Venezuela y es lógico que lo apoye; hay también una presencia cubana muy importante en ese país. El gobierno cubano no ha renunciado a su política de siempre: ni Obama ni Raúl Castro han abandonado sus objetivos en cuanto a política exterior, aunque se estén utilizando otras formas de actuación.

Puesto a decidirse, [el gobierno cubano] decidiría por Venezuela, por ser su política de siempre y por una cuestión de supervivencia económica. Pero no creo que quisieran ponerse a decidir. En la población cubana no hay ningún interés de que el apoyo a Venezuela pueda lesionar las relaciones que se están componiendo con EEUU.

Frank Mora

Frank Mora

Frank Mora

Director del Centro de América Latina y el Caribe, Universidad Internacional de la Florida.

Hay una diferencia entre Cuba y Venezuela. El embargo es una política de aislamiento hacia toda una economía. En el caso de las sanciones contra el gobierno de Venezuela son contra funcionarios específicos de ese gobierno, no son medidas de aislamiento contra un pueblo o un gobierno.

El Presidente firmó una ley en diciembre [el 18 de diciembre de 2014, Ley de defensa de derechos humanos y sociedad civil de Venezuela] y esta es su implementación. Usar este tipo de lenguaje no es ideal pero es un requerimiento legal. Llama la atención que esta orden sea específica contra personas que han violado los derechos humanos, anteriormente han sido contra aquellos involucrados en el narcotráfico.

Estados Unidos va a seguir adelante en sus negociaciones con el gobierno de Cuba. No creo que esto vaya a sabotear el camino a las negociaciones. Muy importante, hasta ahora no he visto muchas declaraciones de gobiernos latinoamericanos condenando [las medidas de EEUU]; es curioso. El gobierno cubano hizo una expresión de apoyo hacia Venezuela pero no es una condena fuerte.

En la Cumbre pienso que el Presidente va a hacer énfasis en el tema de la democracia y los derechos humanos, temas centrales en nuestras relaciones con América Latina. Va a recordar a los gobiernos los compromisos recogidos en la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Carta Democrática Interamericana.

Sarah Stephens

Sarah Stephens

Sarah Stephens

Directora ejecutiva del Centro para la Democracia en las Américas.

Creo que las sanciones de Estados Unidos serán un punto de cierta tensión en la Cumbre de las Américas no sólo entre Cuba y EEUU, sino también entre EEUU y gran parte de la región en términos más amplios. Pero yo no creo que haya una confrontación abierta sobre eso. Creo que es un error creer que las negociaciones entre EEUU y Cuba, y el progreso hacia las relaciones diplomáticas plenas, serán obstaculizadas por las diferencias de política exterior sobre Venezuela.

Ni EEUU ni los cubanos han tratado –ni deberían hacerlo– los objetivos de cada uno en cuanto a política exterior como condiciones previas para cerrar un acuerdo. Los cubanos no han hecho eso con respecto a [el territorio de la base naval de] Guantánamo, y nosotros no hemos hecho eso con respecto a las sanciones contra Venezuela.

El verdadero avance en las conversaciones ha sido el foco estratégico de ambas partes de negociar una nueva relación bilateral sin condiciones previas. Esto va a empoderar a EEUU para sentarse a la mesa con Cuba y expresar, de manera directa y eficaz, las diferencias que tenemos sobre cuestiones políticas y de derechos humanos. Sin relaciones diplomáticas plenas, los dos países van a hacer lo que han hecho durante seis décadas: gritarse sin escucharse.

Frank Calzón

Frank Calzón

Frank Calzón

Director ejecutivo Centro para una Cuba Libre.

Es muy difícil saber lo que puede impactar a o no a la administración. Hasta ahora, lo que ha dicho es que no importa lo que haga La Habana. Cuando le hemos hablado en algunos casos de la represión, han dicho “sí, ese es el gobierno de Cuba y no esperamos que cambie”. El tema es hasta qué punto el gobierno de La Habana va a decir que mantiene sus principios cuando estos, y sus acciones, afectan a los intereses norteamericanos en la región.

Cuba no ofreció un apoyo simbólico [a Venezuela]; el apoyo es real porque hay contingentes de policías y oficiales de la Seguridad del Estado [cubano] que juegan un papel importante en la represión de la oposición en Venezuela. El Presidente ha dicho que la represión en ese país es una amenaza a la seguridad de EEUU y en ella juegan un papel los cubanos, pero, aparentemente, hay una desconexión entre los que toman estas decisiones.

Los norteamericanos tenían ilusiones de que establecer un diálogo amistoso con la Habana iba a impactar positivamente en las relaciones entre Washington y América Latina. En la Cumbre de las Américas van a descubrir que la razón del antiamericanismo en la región no es la Revolución Cubana, que ella es un producto del antiamericanismo; es al revés.

Gobiernos como Argentina, Bolivia o Nicaragua [que han criticado las medidas de Obama contra funcionarios del gobierno de Maduro] entienden perfectamente el vínculo tan importante entre Cuba y Venezuela, pero a esa apreciación no se le ha dado hasta ahora la importancia que merece en la Casa Blanca.

Ted Piccone

Ted Piccone

Ted Piccone

Investigador sobre política exterior y América Latina, Brookings Institution.

La reacción de Cuba a la decisión del Presidente de imponer sanciones específicas contra un pequeño número de funcionarios venezolanos involucrados en violaciones de derechos humanos, no es sorprendente. Dada la larga relación de Cuba con Venezuela y su dependencia de las subvenciones del petróleo, la alianza ideológica entre los dos países y su posición común contra Estados Unidos, era natural que La Habana se opondría a la decisión de EEUU y llamara a la solidaridad con Caracas.

No creo que sea correcta una analogía entre las sanciones limitadas y muy específicas contra la administración de Maduro, que expirarán a finales del 2016, y al amplio e integral embargo contra Cuba, de 53 años de duración, que ha tenido el efecto de aislar a Estados Unidos en lugar de a Cuba. Las relaciones comerciales entre Venezuela y EEUU siguen sin trabas y probablemente continuarán.

No está claro todavía cómo todo esto va a influir en la Cumbre de las Américas, que coincide casualmente con el aniversario del golpe de Estado contra Hugo Chávez. Si Maduro va a Panamá, veremos un discurso sobre el nuevo imperialismo de EEUU. La cuestión clave es quién, aparte de los países del ALBA, se unirá a su lado del argumento.