¡Llegaron los chinos! ¡Los chinos llegaron ya!

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La inquina que los gobiernos de la revolución tienen hacia los Estados Unidos, socio natural de Venezuela por su cercanía e intereses compartidos por décadas, llevó a que Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro se hermanaran con la República Comunista China en cuanto a relaciones económicas y petroleras se refiere.

Hoy la presencia China en Venezuela es una realidad ineludible y cada vez más tangible. Convenios de todo tipo en unas 15 áreas estratégicas están en curso: vivienda, industria, agricultura, tecnología, transporte, telecomunicaciones y, por supuesto, petróleo, son algunos de los más neurálgicos, especialmente desde finales de julio de este año cuando el presidente chino, Xi Jinping, visitó al país y firmó unos 38 acuerdos, 21 de los cuales son de “carácter privado”, lo que significa que ni siquiera se esbozan a la población, aunque del resto tampoco es mucho lo que se ha informado a la opinión pública.

Boris Ackerman, articulista colaborador de VenEconomía, realizó para el número de agosto deVenEconomía Mensual un análisis de los elementos favorables y desfavorables sobre este matrimonio comercial y económico entre China y Venezuela, que ha generado un sinfín de controversias y posiciones antagónicas entre los analistas económicos, políticos y la opinión pública.

Lo primero que puntualiza Ackerman es que los convenios chino-venezolanos reducirán “aún más el mínimo espacio que posee el ya golpeado sector privado del país, al menos en negociaciones directas con el Estado”. Otro punto desfavorable es la insistencia de las corporaciones asiáticas en “usar cada vez más sus propios recursos en el desarrollo de proyectos, dando la espalda y dejando de lado a los proveedores locales”.

Como “oportunidades de negociación” para las empresas del país es que se les abre la posibilidad de convertirse en proveedores, clientes o socios de corporaciones del coloso asiático.

Indica que siendo el sector petrolero la columna vertebral de la relación China-Venezuela, con los últimos acuerdos China se convertirá en el primer comprador para el petróleo producido en el país, “desplazando a los Estados Unidos por primera vez en la historia”. Lo positivo de esto es “que el mercado norteamericano se está haciendo cada vez menos dependiente del petróleo venezolano gracias a los desarrollos de gas de lutita y si no se consiguen otros mercados, el futuro de las exportaciones se verá bastante comprometido. Además,la demanda china es cada vez mayor debido al alto crecimiento económico del país asiático”.

“Lo negativo es que debido a los convenios, los chinos pagarán una porción importante en bienes y servicios y no en dinero”.

Afirma Ackerman que según cifras de la OPEP, “el monto entregado a China por los convenios alcanzará al menos la cuarta parte de la producción petrolera del país, posiblemente un tercio de las exportaciones y, aún más impactante, representa alrededor de la mitad de las divisas que entraran al país”.

Los bemoles que ve en esto son: 1) Al entrar esas divisas en bienes, servicios o proyectos, es inexistente “el grado de libertad en el uso de recursos para fines distintos a los establecidos en los convenios”. 2) El grado de dependencia tecnológica y el riesgo de no operatividad que ello implica, dado que las especificidades tecnológicas, de seguro, los equipos y maquinarias tendrán un conjunto de condiciones únicas que harán que temas como el mantenimiento o actualización, dependa de tecnologías a ser provistas por empresas chinas. 3) La opacidad de la información sobre los convenios y la inexistencia de un modelo de supervisión impiden evaluar correctamente los beneficios de los convenios. 4) Las asimetrías culturales que puede generar dudas y malos entendidos si no es manejada adecuadamente con actividades de acercamiento, divulgación y comunicación. 5) El país tendrá menos divisas destinadas a los privados, lo que encarecerá el acceso a bienes y servicios de terceros países, al tiempo que hará que los productos chinos sean altamente competitivos y saquen del mercado a artículos provenientes de otros lugares.

Al final, afirma Ackerman, parte de los beneficios y las inversiones terminarán en bancos y empresas norteamericanas, inglesas o alemanas, gracias al fenómeno globalizador.