Venezuela: A Dictatorship Masquerading as a Democracy (Venezuela: una dictadura disfrazada de democracia)

The Atlantic -Moisés Naím

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Nicolas Maduro, Venezuela’s president, recently announced that if the opposition were to gain a majority in the National Assembly in elections this Sunday, “We would not give up the revolution and… we would govern with the people in a civil-military union.” To ensure that no one would accuse him of not being a true democrat, he clarified that “we would do this with the constitution in hand.” The president conveniently ignored the small detail that the constitution does not have any provision for a “civil-military” government, nor does it give the government the option of disregarding the outcome of an election. What Maduro did stress, however, was that if the revolution fails, “there will be a massacre”—a threat he has repeatedly made throughout the campaign. He usually follows such threats with reassurances that this violence will not ensue since it is impossible for opposition candidates to win enough votes for a legislative majority, which Maduro’s party has enjoyed for the past 17 years.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, anunció recientemente que si la oposición llegara a ganar la mayoría en la Asamblea Nacional en las elecciones de este domingo, “Nosotros no renunciariamos a la revolución y… gobernariamos con la gente en una unión cívico-militar”. Para asegurarse de que nadie le acusaría de no ser un verdadero demócrata, aclaró que “hariamos ésto con la Constitución en la mano.” El presidente convenientemente ignoró el pequeño detalle de que la Constitución no tiene ninguna provisión para un “gobierno civil-militar “, ni le da al gobierno la opción de no tener en cuenta el resultado de una elección. Sin embargo, en lo que Maduro hizo el incapié fue en que si la revolución fraca, “habrá una masacre,” amenaza  que él ha hecho en repetidas ocasiones a lo largo de la campaña. Él suele seguir estas amenazas con garantías de que esta violencia no se producirá, ya que es imposible que los candidatos de la oposición puedan ganar suficientes votos para una mayoría legislativa, lo que el partido de Maduro ha disfrutado durante los últimos 17 años.

Maduro, in fact, frequently dismisses the very notion of an opposition victory as, in his cryptic words, a “negated and transmuted scenario.” His self-assurance is surprising considering that almost all opinion polls show an overwhelming public rejection of the government in general and the president in particular. So why is Maduro so confident? There are many reasons, most of which have nothing to do with “free and fair elections.” (Disclosure: I served as Venezuela’s minister of trade and industry and director of its Central Bank from 1989 to 1990.)

Maduro, de hecho, rechaza con frecuencia la noción misma de una victoria de la oposición la cual de acuerdo a sus palabras codificadas es un “negado y transmutado escenario.” Su auto-convencimiento es sorprendente teniendo en cuenta que casi todas las encuestas de opinión muestran un abrumador rechazo público al gobierno en general y al presidente en particular. ¿Por qué está Maduro tan seguro? Hay muchas razones, la mayoría de los cuales no tienen nada que ver con “elecciones libres y justas.” (Revelación: Yo serví como ministro de comercio e industria y director de su Banco Central de Venezuela de 1989 a 1990)

The Tragedy of Venezuela – La tragedia de Venezuela

One of these reasons is that public employees in Venezuela may be inclined to vote for the government’s candidates. Maduro perhaps knows that there are thousands of government managers like Jose Miguel Montañez, who is in charge of customs at the international airport in Maracaibo, the country’s second-largest city. An employee reportedly caught Montañez on tape conducting a town-hall meeting in which he menacingly ordered his personnel to vote for regime candidates and bring in a picture of their ballot the day after the election to prove they voted “correctly.” Maduro also knows he can count on the massive and unaccountable use of public funds and resources to support his candidates. His faith in the impossibility of the “transmuted scenario” is surely bolstered by the aggressive and frequent deployment of dirty tricks to defame opposition leaders, jail them, or prevent them from running for office. The opposition has also had to contend with “armed people’s militias” that violently attack their marches and sometimes even murder their leaders, as recently happened to Luis Manuel Diaz.

Una de estas razones es que los empleados públicos en Venezuela pueden inclinarse a votar por los candidatos del gobierno. Maduro quizá sabe que hay miles de administradores del gobierno como José Miguel Montañez, quien está a cargo de la aduana en el aeropuerto internacional de Maracaibo, la segunda ciudad más grande del país. Un empleado según informes, grabó a Montañez durante una reunión de cabildo abierto en la que amenazadoramente ordenó a su personal a votar por los candidatos del régimen y traer una foto de su voto al trabajo el día después de las elecciones para demostrar que votaron “correctamente”. Maduro también sabe que puede contar con la utilización masiva e irresponsable de los fondos públicos y los recursos para apoyar a sus candidatos. Su fe en la imposibilidad del “escenario transmutado” es, sin duda, reforzada por el despliegue agresivo y frecuente de trucos sucios para difamar a los líderes de la oposición, su encarcelamiento, o evitar que se lancen como candidatos. La oposición también ha tenido que lidiar con “milicias populares armadas” que atacan violentamente sus marchas y algunas veces incluso asesinan a sus líderes, como recientemente sucedió con Luis Manuel Díaz.

And then there’s the government’s grip on the media. Not only has there been a wave of acquisitions of Venezuela’s main television channels, radio stations, and newspapers by “private investors” who, upon gaining control of a given property, convert it into a government propaganda organ, but the few media companies that are still independent are severely limited in terms of what they can broadcast or publish. A recent study by Javier Corrales and Franz Von Bergen of what appears on Venezuelan television (both private and public channels) showed that opposition candidates for the National Assembly were rarely mentioned—unless they were being denounced—while the regime’s candidates were omnipresent and extolled. A revealing indicator of this strict censorship of the media is the fact that there has been no mention on national television of the arrest in Haiti of two of the first lady’s nephews, who are accused of trafficking 800 kilos of cocaine and are currently being processed in a Manhattan court. (High-ranking Venezuelan officials have increasingly been seeking asylum in the United States and making serious allegations about the criminal behavior of their former bosses and colleagues in government.)

Además está el control del gobierno sobre los medios de comunicación. No sólo ha habido una ola de adquisiciones de los principales canales de televisión, estaciones de radio y periódicos venezolanos por “inversionistas privados” quienes al tomar control de una determinada propiedad, la convierten en un órgano de propaganda del gobierno, sinoque además, las pocas empresas de medios de comunicación que siguen siendo independientes estan muy limitadas en términos de lo que pueden transmitir o publicar. Un estudio reciente realizado por Javier Corrales y Franz Von Bergen de lo que aparece en la televisión venezolana (canales privados y públicos) mostró que los candidatos de la oposición a la Asamblea Nacional rara vez se mencionan, a menos que estén siendo denunciados, mientras que los candidatos del régimen son omnipresentes y elogiados. Un indicador muy revelador de esta estricta censura de los medios de comunicación es el hecho de que no ha habido ninguna mención en la televisión nacional de la detención en Haití de dos de los sobrinos de la primera dama, quienes están acusados ​​de tráfico de 800 kilos de cocaína y en la actualidad se están procesando en un tribunal de Manhattan. (Cada vez más altos funcionarios venezolanos buscan asilo en los Estados Unidos, haciendo graves denuncias sobre el comportamiento delictivo de sus antiguos jefes y compañeros de trabajo en el gobierno.)

Maduro is not Chavez, and oil prices have plummeted. The Bolivarian Revolution has become hard to defend – Maduro no es Chávez, y los precios del petróleo han caído en picada. La Revolución Bolivariana se ha vuelto difícil de defender.

All this seems to have awoken the leadership of the 35-country Organization of American States (OAS) from its decade-long slumber with regard to the undemocratic behavior of Maduro and his predecessor, Hugo Chavez, who died in 2013. The OAS’s new secretary general, Uruguay’s Luis Almagro, recently sent a 19-page letter to Tibisay Lucena, the director of Venezuela’s National Electoral Council (NEC), detailing the irregularities and abuses of the electoral system over which she has presided since 2006. In his letter, Almagro concluded that the upcoming December 6 elections are not sure to operate “at the level of transparency and electoral justice that [the NEC] should guarantee.” He also dared to publicly condemn the murder of an opposition leader at a campaign rally, which led to this thoughtfully worded reaction from the Venezuelan head of state: “to call Almagro a piece of garbage is an insult to garbage itself.”

Todo esto parece haber despertado de su sueño de una década al liderazgo de la Organización de los Estados Americanos (OEA y sus 35-países miembros,) con respecto al comportamiento antidemocrático de Maduro y su antecesor, Hugo Chávez, quien murió en 2013. El nuevo secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, envió recientemente una carta de 19 páginas a Tibisay Lucena, directora del Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE), la cual detalla las irregularidades y abusos del sistema electoral sobre el que ella ha presidido desde el año 2006. En su carta, Almagro llega a la conclusión de que las próximas elecciones de diciembre 6 no están seguras de operar “en el ámbito de la transparencia y la justicia electoral que [NEC] debe garantizar”. También se atrevió a condenar públicamente el asesinato de un líder de la oposición en un mitin de campaña, lo que llevó a esta reacción cuidadosamente redactada del jefe de Estado venezolano: “llamar a Almagro un pedazo de basura es un insulto a la basura en sí.”

Almagro’s rebuke is one of many signs of the erosion of the complacency with which the international community and especially other Latin American governments greeted the Venezuelan government’s thuggish behavior for the last 15 years. Cristina Kirchner, Argentina’s outgoing president and a stalwart ally of the Chavez/Maduro regime, no longer wields the power that she and her late husband did earlier this century. Brazilian President Dilma Rousseff, another loyal supporter of the regime, is ensnared in a major corruption scandal and the subject of congressional impeachment proceedings. Cuba, a major partner of Venezuela’s, is “normalizing” its relations with the United States. Praise of Chavez’s “Bolivarian Revolution” from liberals around the world has grown fainter. The regime has even lost the sympathy and support of Noam Chomsky, an icon of the global left who was once an erstwhile admirer. Maduro has been receiving letters and petitions from foreign governments, multilateral bodies like the European Union, human-rights organizations, politicians, parliamentarians, artists and intellectuals, former presidents and current heads of state like the United Kingdom’s David Cameron and Spain’s Mariano Rajoy, demanding the release of political prisoners and clean elections. U.S. leaders such as Barack Obama, Joe Biden, John Kerry, and Hillary Clinton have also repeatedly asked the Maduro administration to respect human rights and ensure free and fair elections.

La reprimenda de Almagro es uno de los numerosos signos de la erosión de la complacencia con que la comunidad internacional y especialmente, otros gobiernos latinoamericanos, aprobaron el comportamiento de matones del gobierno venezolano en los últimos 15 años. Cristina Kirchner, presidente saliente de la Argentina y un aliado incondicional del régimen de Chávez / Maduro, ya no tiene el poder que ella y su difunto marido tuviesen a principios de este siglo. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, otra partidaria leal del régimen chavista, está atrapada en un escándalo de corrupción inmenso y tema de juicio político en el Congreso. Cuba, un socio importante de la Venezuela esta “normalizando” sus relaciones con los Estados Unidos. El elogio de la “Revolución Bolivariana” de Chávez por los liberales de todo el mundo se ha debilitado. El régimen incluso ha perdido la simpatía y el apoyo de Noam Chomsky, un icono de la izquierda mundial quien antiguamente un admirador. Maduro ha recibido cartas y peticiones de gobiernos extranjeros, organismos multilaterales como la Unión Europea, organizaciones de derechos humanos, políticos, parlamentarios, artistas e intelectuales, ex presidentes y actuales jefes del estado como el del Reino Unido, David Cameron y el de España, Mariano Rajoy, exigiendo la liberación de los presos políticos y unas elecciones limpias. Los líderes estadounidenses, como Barack Obama, Joe Biden, John Kerry y Hillary Clinton también han pedido reiteradamente al gobierno de Maduro que respete los derechos humanos y garantice elecciones libres y justas.

When Chavez was alive and oil prices were high, his charisma, popularity, and generous checkbook went far in buying the goodwill and tolerance of other governments toward Venezuela’s “revolution.” Maduro is not Chavez, and oil prices have plummeted. Equally important is that the Bolivarian Revolution has become hard to defend. It suffers from the highest inflation on the planet, a deep and prolonged recession, widespread and chronic shortages of basic staples and medicines, crumbling public services, one of the world’s highest murder rates, and rampant and unprecedented levels of corruption. Venezuela is looking more and more like a failed state rather than a prosperous petrostate with the world’s largest oil reserves.

Cuando Chávez estaba vivo y los precios del petróleo estaban altos, su carisma, su popularidad y su generosa chequera llegaron lejos en la compra de la buena voluntad y la tolerancia de otros gobiernos hacia la “revolución” de Venezuela. Maduro no es Chávez, y los precios del petróleo han caído en picada. Igualmente importante es que la Revolución Bolivariana se ha vuelto difícil de defender. Sufre de la inflación más alta del planeta, una recesión profunda y prolongada, escasez generalizada y crónica de alimentos básicos y medicinas, el desmoronamiento de los servicios públicos, una de las tasas de homicidios más altas del mundo y los niveles rampantes y sin precedentes de corrupción. Venezuela parece cada día más a un estado fallido envés de un petroestado próspero con las reservas de petróleo más grandes del mundo.

Democracy is not defined by what happens on Election Day, but rather by how the government behaves in between elections.

La democracia no se define por lo que sucede en el día de las elecciones, sino por la forma en que el gobierno se comporta entre elecciones.

So, given this context, what will happen in Venezuela on Sunday? I see three scenarios (none of them transmuted):

Así que, dado este contexto, ¿qué va a pasar en Venezuela el domingo? Veo tres escenarios (ninguno de ellos codificado):

1) The government steals the election by either suspending the race or orchestrating a major fraud.

1) El gobierno se roba la elecciones, ya sea por la suspensión de las misma o la orquestación de un inmenso fraude.

2) The government reveals itself to be a miracle worker, winning in a clean fight and proving all the polls wrong.

2) El gobierno se revela como un hacedor de milagros, y gana en una pelea limpia, probando como erradas las encuestas.

3) The government lets the opposition win—for a while. Maduro concedes victory to his opponents, which legitimizes him before the world and relieves some of the international pressure he’s facing. His allies declare that once more Venezuela has confirmed that it is a democracy, and that there is therefore no need to meddle in its internal politics and governance. Shortly thereafter, the Maduro administration uses its control of the judiciary to water down the powers of the National Assembly.

3) El gobierno le permite ganar a la oposición-por un tiempo. Maduro concede la victoria a sus oponentes, lo que lo legitimiza ante el mundo y alivia en algo la presión internacional que está confrontando en estos momentos. Sus aliados declaran que una vez más Venezuela ha confirmado que se tienen democracia, y que por lo tanto no hay necesidad de inmiscuirse en su política interna y forma de gobierno. Poco después, el gobierno de Maduro usa su control del poder judicial para diluir los poderes de la Asamblea Nacional.

Since Maduro has repeatedly stated that the government will do “whatever it takes” to win this election, a combination of the first two scenarios is possible. Yet I believe that the third scenario is more probable. In the event of an opposition victory, for example, Maduro could cut the National Assembly’s operating budget, persuade newly elected opposition deputies to switch sides, or stealthily undermine the effectiveness of the opposition with filibusters and delaying tactics. The Maduro administration’s control of the judiciary and supreme court enables the Bolivarians to pass all kinds of measures that limit the clout of the legislative branch. This wouldn’t be a new trick: In 2008, the opposition politician Antonio Ledezma won a mayoral race in the capital of Caracas; soon after the election, then-President Chavez transferred the budget and the authority of the post to a new entity under his control. Later on, Maduro, as president, had Ledezma arrested and added to the ranks of the regime’s many political prisoners. In short, losing the election but manipulating institutional rules to evade the checks and balances that normally result from such an outcome would be an appealing option for the governing party. Which of these scenarios obtains hinges on what the margin in votes and elected deputies between the opposition and the regime turns out to be. The opposition needs a substantial win for the government to concede that it has lost its legislative majority.

Desde Maduro ha declarado en repetidas ocasiones que el gobierno hará “lo que sea necesario” para ganar esta elección, una combinación de los dos primeros escenarios es posible. Sin embargo, creo que el tercer escenario es más probable. En el caso de una victoria de la oposición, por ejemplo, Maduro podría recortar el presupuesto de funcionamiento de la Asamblea Nacional, persuadir a los diputados de la oposición recientemente elegidos para cambiar de lado, o furtivamente socavar la eficiencia de la oposición con obstrucciones y tácticas dilatorias. El control de la administración Maduro del poder judicial y del Tribunal Supremo permite a los Bolivarianos pasar todo tipo de medidas que limitan la influencia de la rama legislativa. Ésto no sería un nuevo truco: En 2008, el político opositor Antonio Ledezma ganó una carrera por la alcaldía de la capital de Caracas; poco después de la elección, el entonces presidente Chávez transfirió el presupuesto y la autoridad del cargo a una nueva entidad bajo su control. Más tarde, Maduro, como presidente, ordenó la aprención de Ledezma y añadió a las filas muchos otros presos políticos. En definitiva, la pérdida de las elecciones con la manipulación de las reglas institucionales para evadir los controles y equilibrios que normalmente resultan, sería una opción atractiva para el partido de gobierno. ¿Cuál de estos escenarios tendría más agarre en lo que al margen de votos y diputados elegidos entre la oposición y el régimen resulta ser?. La oposición necesita una victoria masiva para que el gobierno admita que ha perdido su mayoría legislativa.

Regardless of the outcome, the Venezuelan case demonstrates that democracy is not defined by what happens on Election Day, but rather by how the government behaves in between elections. A tyranny continues to be a tyranny despite holding elections—even if it allows itself to occasionally lose them.

Independientemente del resultado, el caso venezolano demuestra que la democracia no se define por lo que sucede el día de las elecciones, sino por la forma en que el gobierno se comporta entre elecciones. Una tiranía sigue siendo una tiranía a pesar de la celebración de las elecciones, incluso si se permite a si misma perderlas de vez en cuando.