Por Gustavo Tovar Arroyo
En el confuso momento que vive el país, hacer una crítica contra la oposición venezolana requiere cautela -sobre todo cuando uno forma parte convencida de ella-, a fin de cuentas para mal o para bien, son algunos de ellos los que están dando la cara contra el despelotado e infame chavismo.
No toda la oposición se comporta igual ni cometen los mismos disparates, hay quienes han entendido que la cruzada venezolana en esta hora oscura es más espiritual que política y están luchando desde una base ética, principista y noviolenta, contra la campante inmoralidad y descaro del sátrapa jinetero y sus lombrices.
A esa oposición que evoca ideales o principios en su desafío sin descanso al chavismo, los encuestadores los llaman con cierto asco: los “radicales”.
Hay que destacar que si hubiese sido por la asesoría de estos teatrales encuestadores, Bolívar, Gandhi o Mandela -creadores de zozobra, desestabilización y confrontación de ideas- jamás habrían logrado liberar a sus naciones y probablemente hoy los venezolanos todavía seríamos súbditos del Rey de España.
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